Acabo de llegar de cenar en Katmandú con Alison, Patrick y Jimi. Jimi es un
voluntario holandés que lleva trabajando aquí algo más de seis años, los
últimos dos para VSO dentro del ministerio de educación. Un tipo risueño, barba
cerrada y ligero acento germánico, buen conversador, que adorna su relato sobre
la cultura nepalí con observaciones precisas sobre el contexto político y social,
sin alardes, compartiendo. Venimos de comer en un sitio del Thamel, el barrio
turísitico de la capital, las mesas en un patio interior en forma de U alrededor
de un pequeño escenario en el que dos chicas bailaban una danza proveniente,
según Jimi, del este. Tengo la impresión
de que se la ha jugado a un punto cardinal al azar, pero a ver quién le dice
algo. A mí me parecía más una versión heterodoxa de las maracas, un
baratanatyam de, si me apuras, el Suroeste, pero el cansancio me privó de la
confianza para contradecirle. El cansancio y el recuerdo del diálogo con la
azafata de Qatar airlines de esa misma mañana:
- Disculpe, ¿de dónde es usted?
- Disculpe, ¿de dónde es usted?
- De
Goa.
- Eso
es una isla, ¿verdad?
- No, no, qué va.
- Ah, cierto,
ahora que lo dice… en el norte de la India, ¿no?
- En el
Sur.
- Ya. ¿Y
vuelve usted con frecuencia?
- Voy dentro
de poco, gracias. Se casa mi hermano en un par de meses.
- Qué
bien! ¡Un buen bodorrio hindú! Sabe, a mí una vez me invitaron a una recepción
y –
- Lo
siento, pero es una boda normal, somos católicos.
- ¿En
la India? ¿Seguro? No me cuadra mucho.
- En
esa zona todos lo somos. Nos colonizaron los portugueses.
Así que decidí no decirle nada a Jimi.
La conversación continúa y nos cuenta cómo marcha la desmilitarización de
la guerrilla, la repetición del poco éxito de la ONU y un pequeño encontronazo
con uno de sus trabajadores, la reciente elección del primer ministro interino
(ayer) que ha provocado la enésima huelga, le resta importancia al celo con el
que le pregunto sobre las convenciones sociales, y nos recomienda un par de
rutas por la montaña además de mucha información útil para acelerar el proceso
de adaptación. Como vegetariano: lentejas, arroz, champiñones y algo parecido
al tofu. Degusto una cerveza como si fuera la primera en mucho tiempo.
| Una calle del Thamel |
De ahí al caos de Doha, donde conocí a Alison, una voluntaria de educación
muy simpática, que viene enlazando un año en Camerún con los dos que va a pasar
en la frontera con la India. Cuatro horas de transfer y vuelo a Katmandú con
unas espectaculares vistas de la cordillera Himalaya. Al aterrizar nos tocó
esperar a Patrick, otro voluntario de educación, y de ahí camino del hotel que se encuentra a cinco minutos del Thamel. El recorrido en coche hasta el hostal fue de esos que te
dejan un viento en el estómago: el tráfico parece regirse por una mezcla de aleatoriedad y casualidad ante la indiferencia de la autoridad, una armonía dentro del caos que entreteje
las trayectorias de personas, coches, bicicletas, animales y polvo, mucho
polvo.
Victooooor,
ResponderEliminaral final no pude ir a verte a Londres para despedirme. En fin te seguire por el blog.
Besos desde Yogyakarta...
Que gran literato... y que gran aventurero!! Suerte en esta nueva etapa de tu vida, espero poder visitarte pronto!! Un abrazo!
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